-   2018

Todas las cenizas de personas que aparecen en las fotografías de este proyecto fallecieron en 2018. Durante ese año llevé a cabo un proceso de seguimiento y acompañamiento a un pequeño territorio acotado, situado en un cementerio.


Este lugar, llamado El jardín del recuerdo, es un espacio verde rodeado de rosales, el cual se encuentra a disposición de los allegados a los fallecidos para el esparcimiento de sus cenizas.

 

Periódicamente visitaba este terreno intervenido por figuras y siluetas fruto del azar, a la vez que precisas, que se dibujaban al depositar en la tierra las cenizas de personas fallecidas, como resultado de los rituales de memoria y despedida que se llevan a cabo en este lugar.


Registraba y acumulaba los diferentes estados de este paisaje de cuerpos en constante transformación, y observaba las modificaciones que el paso del tiempo y las propias fuerzas de la naturaleza ejercen sobre los cuerpos, creando nuevas relaciones y formas.

 

Imágenes formadas a partir de tensiones y equilibrios entre fuerzas aparentemente opuestas, como lo figurativo y lo abstracto, lo floral y lo seco y lo vivo y lo muerto, como resultado de un proceso cíclico, latente y performativo donde los individuos, se transforman, se mezclan y se desvanecen ofreciéndonos la presencia tangible de un vestigio residual.